Pueden ser de múltiples orígenes embriológicos e histológicos. Aunque el cáncer testicular sigue siendo raro y supone menos del 1% de las neoplasias en los hombres, es el tumor maligno más frecuente en los hombres jóvenes entre 15 y 35 años.
El 25% de los tumores se originan en el testículo, y casi todos son malignos. Los tumores de células germinales son los más frecuentes en los jóvenes, mientras que después de los 40 años el cáncer de testículo es raro, y una lesión indicativa de malignidad en un paciente de más de 50 años debe hacer pensar antes en un linfoma que en un cáncer primitivo testicular y, después de los 70 años, los tumores secundarios aparecen en primer lugar en orden de frecuencia. Generalmente el tumor testicular se presenta como una masa dura, firme, no dolorosa y que no se transilumina.
Raramente puede haber ginecomastia. El pronóstico varía entre una supervivencia del 80 al 100% a los 3 años, según su estadio y su anatomía patológica. Son factores pronósticos el volumen de la masa tumoral, las metástasis (que pueden dar origen a una adenopatía supraclavicular o masa epigástrica) y en los pocos tumores que lo producen, una cifra elevada de gonadotropina coriónica o alfa-fetoproteína. La ecografía Doppler testicular constituye una prueba accesible y barata para confirmar el diagnóstico. El tratamiento es orquiectomía con o sin quimioterapia, según su estadio.



