Retinoblastoma, clínica y diagnóstico

Sólo un 10% de los retinoblastomas se detectan en una exploración oftalmológica rutinaria en familias con antecedentes. Este tumor suele debutar con leucocoria, un reflejo pupilar blanco, que por lo general se observa cuando falta el reflejo rojo en la exploración rutinaria del recién nacido o de un niño sano, o en una fotografía realizada con flash.
Con frecuencia, el primer motivo de consulta es el estrabismo, y cuando la enfermedad progresa, pueden aparecer inflamación orbitaria, hifema o irregularidades en la pupila.
Estos pacientes no suelen referir dolor, salvo que presenten un glaucoma secundario.
El diagnóstico no requiere realizar una biopsia, ya que se puede establecer a partir de los datos oftalmológicos característicos. La exploración la debe realizar un oftalmólogo bajo anestesia general para poder valorar en profundidad ambos ojos y fotografiar y mapear los tumores, esta evaluación se puede complicar cuando existe desprendimiento de retina o una hemorragia vítrea.
La ecografía orbitaria o la tomografía computarizada o la resonancia magnética también permiten valorar la extensión de la enfermedad intraocular y su posible diseminación extraocular. En ocasiones de detecta un tumor en la pineal, fenómeno que se denomina retinoblastoma trilateral.
El diagnóstico diferencial incluye el vítreo hiperplásico primario, la enfermedad de Cotas, las cataratas, la larva migratoria visceral, el coloboma coroidea y la retinopatía del prematuro.

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