El carcinoma nasofaríngeo es raro en niños, a pesar de ser el tumor nasofaríngeo más frecuente en este grupo de edad. La incidencia en adultos es máxima en el sur de China, aunque también es elevada en los esquimales y en la parte norte de África y el noreste de India.
En China es raro en niños, pero en otras poblaciones existe una producción significativa de casos pediátricos, sobre todo en adolescentes; su incidencia es el doble en varones que en mujeres. En los niños predominan las formas histológicas indiferenciadas y la asociación con el virus de Epstein-Barr.
La mayoría de los pacientes pediátricos se presenta con enfermedad locorregional avanzada y linfadenopatías cervicales. También pueden tener epistaxis, trismo y defectos en los pares craneales. El diagnóstico se realiza mediante biopsia de la nasofaringe o de los ganglios cervicales.
En la mayoría de los casos existen niveles elevados de lactanto deshidrogenasa, aunque ese dato no es específico. Se debe realizar tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) de la cabeza y el cuello para valorar la extensión de la enfermedad, también se pueden realizar otros estudios como radiografía de tórax, gammagrafía ósea y ecografía hepática para descartar metástasis.
El tratamiento combina quimioterapia con cisplatino y radioterapia después o de forma simultánea con la quimioterapia. El pronóstico depende de la extensión de la enfermedad, ya que es muy malo en caso de metástasis. Son frecuentes los efectos tardíos de la radiación, como disfunción hormonal, caries dentales, fibrosis y aparición de segundos tumores malignos.



