El cáncer es un complejo de enfermedades originadas por alteraciones de distintos genes. Todas las alteraciones de los procesos celulares normales, como transducción de la señal, el control del ciclo celular, la reparación del ADN, el crecimiento y la diferenciación celular, la regulación de la traducción, el envejecimiento celular o la apoptosis (muerte celular programada) pueden originar un fenotipo maligno o mejor dicho, célula con potencial maligno.
Se han relacionado dos tipos fundamentales de genes con el desarrollo de un cáncer: los oncogenes y los genes supresores de tumores. Ambos actúan en el ciclo normal de la reproducción de unja célula, pero cuando falla alguno de ellos aumenta la probabilidad de desarrollar un cáncer.
Los síntomas y signos físicos son importantes para reconocer las neoplasias y los tumores benignos potencialmente letales en niños, adolescentes y adultos. Además de las manifestaciones clásicas, se deben evaluar cualquier signo o síntoma persistente y sin explicación clara ya que puede deberse a un cuadro precanceroso o canceroso propiamente dicho.
Como parte de la evaluación diagnóstica, el médico o el oncólogo deben incluir comunicación del diagnóstico al paciente o a su familia de una forma sensible e informativa.


