Aún cuando en las naciones industrializadas se utilizan programas de detección de cáncer de cuello uterino a nivel masivo, el cáncer cervical invasor sigue siendo un problema mundial. En los Estados Unidos la tasa de mortalidad por cáncer de cuello uterino ha disminuido de manera constante en las últimas cuatro décadas.
Esta tendencia se debe principalmente a los programas de examen de detección de Papanicolaou, aunque los adelantos en el tratamiento de la enfermedad invasora también constituyen un factor a tener en cuenta. A pesar de estos adelantos, la American Cancer Society, estima que cada año se producirían aproximadamente 14.000 casos nuevos de carcinoma cervical invasor; de la mujeres afectadas por la enfermedad, aproximadamente 7.000 morirían.
El carcinoma de cuello uterino se ubica entre los primeros procesos malignos que fueron tratados con éxito, el excitante descubrimiento del radio por los esposos Curie cerca del cambio de siglo condujo a la observación de que la radiación ionizante era útil en el tratamiento de la neoplasias malignas.
Pronto se apreció la accesibilidad del cuello merino a los implantes radiactivos y se comunicaron curaciones. Tanto la radioterapia como la cirugía radical para extirpar el útero se desarrollaron en forma paralela hasta la última mitad de este siglo, cuando se supuso que ambas terapias desempeñaban un papel apropiado en el tratamiento de cáncer invasor del cuello uterino.



