La fosfatasa ácida prostática es un marcador plasmático útil en la detección del cáncer de próstata, aunque su falta de especificidad próstatica limita su valor. Su elevación sugiere afectación extracapsular, si bien hasta el 20% de los pacientes con metástasis óseas tienen valores normales.
El antígeno prostático específico (PSA) es una gluco-proteína de gran tamaño que interviene en la licuefacción del coágulo seminal y que a diferencia de la fosfatasa ácida tiene especificidad prostática, no detectándose en otros tejidos. Se detecta en el plasma en concentraciones muy bajas (0 a 4 ng/mL) y sus concentraciones séricas se incrementan en el carcinoma prostático pero también en la hiperplasia prostática benigna (HPB), en las prostatitis, en el infarto prostático y en la instrumentación prostática (biopsia, cirugía y citoscopia).
El PSA no es lo suficientemente específico ni para la detección ni para la estadificación del cáncer de próstata, por lo que tampoco puede considerarse un marcador tumoral ideal.
La principal aplicación del PSA estriba en el control evolutivo del cáncer de próstata. Las concentraciones de PSA son de mucha utilidad en la monitorización de pacientes después de la prostatectomía radical. Con la extracción teórica de todo el tejido prostático, los valores de PSA deben descender hasta valores mínimos. Un PSA elevado después de la prostatectomía radical puede ser premonitorio de recidiva tumoral meses antes de que los métodos estándar sean diagnósticos. Su mayor utilidad es pues como marcador para el seguimiento del proceso.








