Son proliferaciones neoplásicas de tipo linfoide con inicio ganglionar, extraganglionar o ambos. Dentro de los LNH se incluyen cuadros clínicos, histológicos, evolutivos y pronósticos muy diferentes. La distinción entre linfoma o leucemia, con proliferación del mismo tipo celular, se borrará cuando el linfoma infiltre médula ósea (MO) o sangre periférica, como ya hemos visto anteriormente en algunos síndromes linfoproliferativos. La clasificación de los linfomas ha sido durante años un tema cambiante y variaba según los grupos de trabajo. Actualmente la más aceptada es la clasificación REAL que correlaciona la morfología, el inmunofenotipo y la clínica.
La sintomatología clínica dependerá de los órganos afectados, presencia de adenopatías, hepatosplenomegalia, masas tumorales en mediastino o retroperitoneales. Los síntomas constitucionales son similares al linfoma de Hodgkin. El hemograma acostumbra a ser normal al inicio, pudiendo aparecer en la evolución afectación medular y leucemización. Al igual que en el linfoma de Hodgkin debe valorarse el estadio clínico. Es frecuente en los linfomas de alto grado el aumento de LDH. El pronóstico varía según el tipo de linfoma, siendo variables desfavorables en los linfomas agresivos la edad (> 60 años), el mal estado general, el estadio avanzado, el número de afectaciones extraganglionares y el aumento de la LDH.
El tratamiento es hospitalario y depende de la agresividad del linfoma. Consiste en quimioterapia y/o radioterapia.








