Clínica y epidemiología del cáncer de esófago

La incidencia es de 2,5-5 casos por 100.000 habitantes. Existen dos tipos de tumor: el carcinoma escamoso originado en las células escamosas y el adenocarcinoma que aparece en el epitelio del esófago de Barret o en las glándulas de la mucosa esofágica.
El síntoma básico es la disfagia que primero es a sólidos y posteriormente a líquidos. Una vez instaurada la lesión suele estar en un estadio avanzado. En fases más iniciales el paciente puede notar sensación de presión u ocupación retrosternal al tragar. Con la evolución aparece sialorrea, regurgitación, marcada anorexia y pérdida de peso. Pueden presentarse episodios de neumonía debido a fístulas esofagotraqueales o por aspiración.
El diagnóstico se realiza por endoscopia y biopsia de la lesión. Cuando ésta es infranqueable por la marcada estenosis que produce, la radiología con papilla de bario permite ver la longitud y disposición de la estenosis.
Para la estadificación y valoración de posibilidades quirúrgicas es imprescindible la práctica de tomografía computarizada (TC) toracoabdominal y broncoscopia.
El tratamiento quirúrgico con intención curativa es posible en el 40% de los casos. Aun y así, la supervivencia a los 5 años es del 20%. En el carcinoma de tipo escamoso, se utiliza prioritariamente la radioterapia, habida cuenta de los resultados comparables a los de la cirugía. Los tumores acompañados de enfermedad locorregional irresecable, o riesgo quirúrgico elevado, se tratan con quimioterapia y radioterapia concomitante. En los casos de enfermedad diseminada, se puede intentar la terapia paliativa para mejorar la disfagia y el estado nutricional. Pueden utilizarse dilataciones periódicas, colocación de prótesis si las lesiones son circunferenciales o fotocoagulación con láser.

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